Medicina e Internet: ¿enemigos o aliados? I parte

31 Octubre 2007 at 16:50 | In Medicina e Internet | 2 Comments

Cada vez es más frecuente que la gente busque saciar su curiosidad acerca de temas sanitarios o que los pacientes lleguen a la consulta con una carpeta llena de información extraída de las páginas más variopintas, así como artículos que no siempre provienen de publicaciones científicas o que son extraídos de páginas pseudocientíficas. Ante ello, el médico se queda muchas veces sin saber qué decir ni cómo convencer al paciente, porque éste llega ya “informado” acerca de las pruebas que debe realizarse, “teoriza” acerca de sus padecimientos e incluso llega a proponer él mismo el tratamiento a seguir.

Internet es una excelente herramienta de información y comunicación siempre que sea bien usada. En la red proliferan las páginas llenas de datos erróneos o imprecisos, así como falacias, pseudociencia y organizaciones que se lucran de la inquietud de la población por la salud. No es fácil encontrar sitios web fiables con información correcta, ni tampoco son datos accesibles por lo general al público no especializado, bien por no poder comprender lo que en ellos se expone al no manejar el vocabulario propio de la Medicina o porque el acceso a esa información veraz esté restringido. Un ejemplo de esto último es PubMed, una base de datos online donde están indexados la mayoría de los artículos científicos que se publican en la actualidad. Para acceder a algunos de ellos es preciso pagar una suscripción a la revista de donde provengan o pagar ésos en concreto. La información, además, viene en inglés, idioma que no todo el mundo domina. Se pueden obtener algunos gratuitamente gracias a las facultades de Ciencias que estés suscritas a esas revistas, pero para ello es preciso ser estudiante y tener una clave de acceso.

Una vez que se consigue localizar una página web fiable sobre el tema y se entiende la información localizada, llega el siguiente problema: comprender que ésta no sustituye en ningún caso una consulta médica. El paciente ejerce una forma de intrusismo profesional bastante perjudicial para él, porque va con una idea preconcebida acerca de su dolencia y la forma de actuar ante ella, le será más difícil aceptar el criterio médico y las medidas que se le propongan. Recuerden, además, que lo adecuado, en caso de no estar de acuerdo con el diagnóstico y el tratamiento propuestos, no es bucear en Internet a la búsqueda y captura de ellos, sino pedir una segunda opinión e incluso una tercera.

En cuanto a acudir a ciertas páginas tan populares como la Wikipedia con el fin de satisfacer la curiosidad sobre temas sanitarios por mero placer o deseo de incrementar la cultura personal, considero que el contenido puede ser incompleto y a veces inexacto. En Ciencia, como en el Derecho, se debe cuidar el rigor y la claridad así como la completitud de lo que se dice y escribe para evitar confusiones de conceptos y términos, y la verdad es que esas páginas a veces no respetan esta sencilla regla. Frente a ello quizá sea mejor recurrir a páginas de divulgación científica cuya seriedad y rigor estén bien comprobados para satisfacer la curiosidad y, en caso de elaborar un trabajo, recurrir a los artículos de las revistas especializadas si se tiene acceso a ellas, los manuales y libros de consulta o a esas mismas páginas de divulgación de las que se tenga constancia que la información que incluyen es fiable.

¿Es Internet un aliado o un enemigo de la Medicina? Depende de dónde se busque y cómo se use la información.

Efecto Antabus: si bebes, no tomes medicamentos

29 Octubre 2007 at 14:27 | In Medicina y fin de semana | 6 Comments
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antabus.jpgMuchas veces habremos oido a alguien decir “estoy tomando antibióticos, así que no puedo beber alcohol” o conocemos anécdota de quien no guardó esa precaución y estuvo un par de días bastante mal. Esa persona sufrió en sus propias carnes el “efecto Antabus“.

El etanol contenido en cualquier bebida alcohólica es degradado por el hígado para ser posteriormente eliminado por los riñones en forma de agua o por los pulmones en forma de dióxido de carbono. En el interior de las células hepáticas el etanol sufre una serie de cambios, siendo transformado en sustancias más sencillas e inocuas que sean fácilmente eliminables gracias a la acción de unas enzimas hepáticas, la alcohol deshidrogenasa y la aldehído deshidrogenasa. La alcohol deshidrogenasa convierte el alcohol en acetaldehido, y la aldehido deshidrogenasa continúa la cadena de reacciones para formar dióxido de carbono y agua que se eliminan con la respiración y la micción.

Existen sustancias que al ser ingeridas consiguen alterar la aldehido- deshidrogenasa, lo que impide que el etanol se degrade de forma correcta, formándose un producto derivado del él, acetaldehído, que no puede seguir degradándose y se acumula en el organismo. A la unión de la sustancia a esa enzima y el posterior acúmulo de acetaldehído se le denomina “efecto Antabus”. Poniendo un ejemplo algo grotesco, es como si hiciéramos la masa de un bizcocho pero no la cociéramos y la tomáramos de esa forma, sin terminar de hacerse. Ese acetaldehído es un tóxico que provoca malestar general, mareos y vértigos, rubor facial, ojos rojos, palpitaciones, bajada de tensión, náuseas y vómitos. También pueden aparecer sudoración, visión borrosa y disminución del nivel de conciencia ( una somnolencia bastante profunda, “atontamiento”, etc).

Los medicamentos que provocan estos efectos son, principalmente, antibióticos, como las cefalosporinas y los nitroimidazoles, antimicóticos como la griseofulvina y antidiabéticos como la clorpropamida y el metronidazol, un buen antiinfeccioso ( tiene efecto bactericida y antiparasitario, por lo que se le pone este nombre tan general). En todos ellos, en los prospectos viene indicado de forma clara que la ingesta de alcohol al mismo tiempo causa el efecto Antabus. El nombre del efecto proviene de un medicamento, Antabus (nombre comercial) cuyo principio activo es el disulfiram. Este fármaco se emplea en la deshabituación al alcohol, de modo que el paciente que lo ingiera sufrirá todos los efectos anteriormente mencionado. Tal como indica el Medimecum, los efectos del disulfiram duran hasta 14 días y son lo suficientemente potentes como para ayudar a quien padezca alcoholismo crónico a abandonar el hábito de beber.

Así que ya saben…si beben, no se mediquen ;)

Nota: este mismo artículo lo pueden encontrar en Museo de la Ciencia y fue revisado al comprobar que  tenía algunos errores.

El principio de los tiempos

25 Octubre 2007 at 16:40 | In General | 1 Comment
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“Si te gusta la Medicina,te apasiona lo que haces, te gusta escribir, por qué no escribes sobre la Medicina, mostrando que no sólo está en el hospital y los consultorios?”.

Y aquí me tienen, haciendo caso a esa sugerencia :)

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